Mientras Asia ve hacia el futuro, América Latina resucita cadáveres

Tigres AsiáticosEl mundo entero no para de contemplar, con asombro, el acelerado crecimiento que están experimentando diversas economías asiáticas. Países cuyas ciudades hace apenas unos 40 años eran pequeños pueblos de pescadores, hoy en día son escenario de algunos de los rascacielos más grandes del mundo y sedes de enormes empresas tanto locales como extranjeras.

Hay quienes hablan del milagro vietnamita, coreano o singapurense, pero lo cierto es que los milagros no llegan del cielo, sino que se hacen, y Asia hace mucho tiempo que decidió construir su propia suerte. Los números hablan por sí solos del éxito de los modelos que han seguido estas naciones. En el caso de Vietnam, a partir de los años noventa, ha logrado una enorme reducción de la pobreza. El porcentaje de la población vietnamita que vivía bajo el umbral de pobreza pasó de un 58% en 1993 a un 14,5% en 2008, lo que representa aproximadamente a 25 millones de personas que salieron de la pobreza en quince años, una de las cifras más alentadoras de movilidad social a nivel mundial. A partir de la implementación del Doi Moi en 1986 (el “Renacimiento” en el idioma local), la nación dijo adiós a su pasado socialista. El Doi Moi favoreció el nacimiento y fortalecimiento de un dinámico sector privado, impulsado por políticas publicas direccionadas. Y los resultados no se dieron a esperar: en el 2007 Vietnam logra incorporarse a la Organización Mundial del Comercio, la esperanza de vida creció exponencialmente y la escolaridad primaria tiene prácticamente una cobertura universal.

Luego de la Guerra de Corea, la economía de Corea del Sur creció para convertirse en la décima del mundo

El caso de Corea es igualmente excepcional. Cuando la Guerra de Corea terminó en 1953, la nación, destruida por el conflicto, era más pobre que la mayoría de las naciones latinoamericanas. Hoy, claro está, es una de las economías más sofisticadas del mundo, y nos supera con creces. Una fuerte inversión en educación, un sistema liberal que abraza la iniciativa privada y un gobierno prudente con el gasto público y que evita los excesos de inflación son quizá los puntos clave para comprender su enorme éxito. Ni hablar de Singapur, que logro transformarme y pasar de ser un país pobre en una de las naciones más ricas del planeta, con una de las rentas per cápita más altas del mundo y una muy baja tasa de criminalidad. El éxito de la sede del mercado Asiático del dólar se encamina de la mano de la educación, libertad económica, un fuerte sentido de la propiedad privada y un sistema poco tolerante con la corrupción.

Y mientras dragones y tigres asiáticos siguen viendo hacia el futuro, América Latina insiste en seguir enfocada en el pasado, rescatando cadáveres, que de cuando en cuando se presentan como algo nuevo, como modelos alternativos, que ocultan bajo maquillaje populista viejos detalles como la caída del Muro de Berlín. Sistemas que, en la práctica fueron y siguen siendo un fracaso, económico, cultural y socialmente. Pero la resurrección de cadáveres va más allá de filosofías. Es común en nuestras latitudes rescatar criminales y ensalzarlos de idealismos para admirarlos y colocarlos posteriormente como caudillos y prototipos de líder a seguir.

Si como región queremos surgir, debemos pensar a futuro, superar los yerros de nuestro ayer y asumir los retos del mañana. Quien no conoce ni entiende la historia, está condenado a repetirla. Asia nos recuerda que se puede superar el pasado.

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