El juego político del populismo

Publicado originalmente en EsLibertad.org

populismoEl juego político en América Latina es diverso, y me refiero a “juego” porque muchos políticos no se toman la molestia de crear una estrategia de alcance limpia, de información veraz y entendible. A  eso le sumamos que muchas personas, jóvenes y adultos, no se ven interesadas por informarse sobre la política o realidad nacional de su país.  Por esto, la manera más efectiva para los políticos lleguen a la población, no es por medio de propuestas y argumentos razonables y debatibles, sino por medio de la emoción.

El populista es como un animador de fiestas que se encarga de vender un breve momento de felicidad y bienestar para ganar la simpatía de la población. Entonces la sociedad responde: ¡No sé quién es o cómo trabaja pero me cae bien! Ni se toman la molestia de leer un plan de gobierno, y al populista le encanta esto: una ciudadanía desinteresada.

Más grave aún es que el populismo suele jugar con la necesidad de los pobres para llegar al poder. A lo largo de los años, hemos sido testigos de cómo han surgido esta clase de políticos en toda Latinoamérica. Ellos se presentan a sí mismos como el mesías de los pobres, vendiéndoles un discurso falso: la culpa es de los ricos, la culpa es de las transnacionales, la culpa es del neoliberalismo, la culpa es del capitalismo, la culpa es del sistema,  la culpa es de los empresarios, los pobres son pobres porque otros son ricos, los pobres son los explotados, los pobres son las víctimas del sistema capitalista,  los pobres son olvidados, etc.  Y así, “una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”, como dijo Joseph Goebbels.

El populista le entrega al ciudadano, especialmente al pobre, un contrato mental o psicológico, donde este acepta ser la víctima de la sociedad, acepta que el mesías político debe tomar decisiones por él, ya que no es capaz de hacerlo solo, acepta que el mesías no se puede equivocar y todo lo que hace, lo hace bien y para el bien de la sociedad, así sea, crear escasez, o elevar la inflación. Es debido a este contrato psicológico que muchos chavistas aún defienden la crisis, porque fueron comprados con casas, con becas, con regalías, con dinero, con emociones, con sentimientos, pero principalmente fueron comprados por un discurso populista.

Esta facilidad de llegar y mantenerse en el poder es lo que llevó a Mariano Grondona a decir que “el populismo ama tanto a los pobres, que los multiplica”. Y como dijo Gloria Álvarez: “el populismo es el atajo por la cual jugamos con las pasiones, ilusiones e ideales de la gente para prometer lo que es imposible, aprovechándose de la miseria de la gente, dejando afuera, absolutamente, toda la razón y la lógica en la toma de decisiones, juega con la necesidades de nuestros pueblos para sencillamente imponer una dictadura”.

Esta estrategia de sensibilización de población, ya sea utilizada por la derecha o por la izquierda, es un cáncer en Latinoamérica. El populismo es exitoso porque le ofrece al pueblo programas sociales, levantando la bandera de la paz y la revolución – lo que es, por cierto, una contradicción-. Es injusto engañar a la población, prometiéndoles una República renovada o la famosa redistribución de la riqueza, cuando la historia y la economía nos  muestran que los únicos resultados de la redistribución es  más pobreza y  miseria.  Y lo que es más: con “buenas intenciones” y llamativos discursos políticos es muy fácil llegar a ahogar la libertad económica del país y menoscabar derechos civiles, tales como la libertad de prensa y expresión.

Son muchos estos animadores emocionales, desde Juan Domingo Perón, Allende, hasta Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Fidel Castro, etc. La lista es interminable. La  forma más efectiva de combatir el populismo, es por medio de la educación, la información, de la comunicación, con libertad de prensa, de expresión, con libertad social y económica: utilizar la razón y la lógica y no dejarse llevar por las emociones e ilusiones.

Su opinión es importante